Sigo preguntándome si valió la pena el esfuerzo.

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Ya concluí mis grados académicos y todos fueron aprobatorios, Mi graduación será en unos días.

No había podido escribir porque tuve mucho trabajo y por sí fuera poco las discusiones con mi marido se intensificaron, para ser franca, se fue de la casa, y sumamente molesto, lo peor del caso es que fue una tontería, lo habitual últimamente (las discusiones por tonterías).

En fin, que podía hacer si cada vez estaba más molesto conmigo, y yo no sabía porqué, un día discutimos porque una mosca zumbó en la sala y tomo sus cosas y se fue. No sé si regrese, otras veces se ha ido y ha regresado pero ahora iba muy molesto.

Me dejo aquí tratando de entender la situación y tratando de remediarlo, pero tal vez ya no tenga remedio.

Ya mero acabo

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Ayer no pude entrar a mi sitio, entre cuestiones familiares y concluir un ensayo para hoy se me pasó el día y acabé tan exhausta que sólo podía poner: “estoy cansada y me voy a dormir”. Que ridículo es esto, me cuestiono constantemente si vale la pena, porque resulta que lo que sacrifico más, son mis horas de descanso. En mi trabajo tengo que cumplir, en mi casa ni se diga, pero esta segunda carrera es algo tan mío, algo que quedó sembrado desde que aquel maestro en la prepa, me dijo que yo debería estudiar en la facultad de filosofía y letras; y todo porque al revisar mi libreta vio varias hojas con escritos míos, sembró la semillita de una segunda carrera. Porque tengo que admitirlo, la primer carrera era para que me diera de comer, y esta segunda es por simple y malsano placer y gusto, gusto por aprender cosas nuevas para tratar de entender esta locura que se llama vida.

Y aquí estoy en la última semana, a punto de concluir la segunda carrera y cuestionando si valió la pena (contradicciones del ser humano), o tal vez cansancio.

En fin, el cuestionamiento es por una discusión con mi marido: resulta que se ofendió porque me estaba platicando que en su trabajo existen algunos problemas entre jefes y subordinados, y al comentarle que desgraciadamente en los trabajos se pierde mucho la persona y a ellos (los empleadores), sólo les interesan los números y las ganancias, le comenté que si él no estaba de acuerdo con algo, al sistema le importa poco, como existe mucha mano de obra cualquiera puede hacer su trabajo, a lo que él contesta: “si, pero no de la misma calidad”, definitivamente, pero no creo que al sistema le preocupe mucho eso; somos “explotados por el  sistema”. Se molestó exageradamente, para mi gusto, me dijo de todo: que yo era también una explotada, que porqué hacía lo que hacia, qué acaso yo era dueña de los medios de producción, o empresaria, o qué; en ese momento odie a Marx y sus teoría y las demás  teorías que había visto en mis clases de Filosofía, si lo único que pretendía yo, era poner en perspectiva, que si nos gusta lo que hacemos, y recibimos un salario por ello, lo demás es lo de menos. Pero para cuando quise llegar a ese punto mi marido ya estaba muy,muy molesto.

Por la noche antes de dormir estuve reflexionando sobre el incidente. No alcanzo a comprender como una persona con tantos grados académicos como mi marido, no pueda soportar sentirse siquiera “explotado” por algo o por alguien. ¿Tal vez yo me equivoqué y no debí de hacer esos comentarios? o tal vez él no estaba de humor, por eso la discusión se acaloró demasiado.

Ultimamente las discusiones han subido mucho de tono y son por cualquier cosa, como si el hecho, de seguir aprendiendo cosas y tener más grados académicos nos alejara más. ¿No soportará que yo me supere?

Yo se que en su familia existe un machismo muy sutil, sus hermanos  se autonombran como personas muy abiertas, pero en realidad ninguna de las mujeres de su familia se ha superado, sino han llevado un matrimonio tradicional, mucho menos estudiar algo que requiera tanto esfuerzo, ellos no se han topado con una “rebelde sin causa”como yo. Ellas sólo hacen “actividades propias de su sexo”: limpiar, lavar, hacer comida y atender a los niños y los enfermos. Por cierto, eso de la limpiada no se les da mucho, porque en los muebles existe polvo y pelusa que, no tiene precisamente un día, hay hongos en la regadera, y el sanitario refleja que tienen semanas de no posarse por ahí, esas manos femeninas diseñadas para “desmugrar”. Y eso de cuidar a los niños, pues como que tampoco se les da, ya que prácticamente son expulsados al patio al cuidado de las hermanas mayores, para que no molesten a los adultos, entonces ellas prácticamente viven la vida cómoda de la “hueva”.

 

Segunda entrega

Minientrada

Debo aclarar que estoy realizando una segunda carrera en la universidad y que tengo una familia adorable y un marido demandante, entonces un final de semestre es la locura, porque tengo que entregar trabajos finales, exámenes, aparte de acudir a mi trabajo y atender los pendientes que surgen en lo cotidiano. Sólo queda una semana más de actividades y quedan por delante cuatro materias para el cierre de semestre. ¡UUUUUUFFFFFFF!

Pero he de confesar que estas correteadas me provocan un placer, y es que ya falta poco para terminar la carrera. Cuando inicie no creía posible terminar, me la fui planteando semestre a semestre, me decía: “si acabo este semestre, ya veré si me inscribo al otro”, pero casi sin darme cuenta llegué al último semestre.

Aunque… no se si mis compañeros sientan lo mismo que yo, tal vez como ellos son mas jóvenes y traen todo el ímpetu de la juventud, no sienten esa inseguridad que por momentos me ataca, siento como si me faltaran conocimientos, como si ahora mismo me pusieran un examen general de toda la carrera y no lo pudiera aprobar, siento que lo aprendido se me agolpa en el cerebro y no puedo conducirlo por un camino.

Espero poder terminar ya falta poco, ya falta poco…

Primera entrega

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Resulta que en ocasiones las relaciones interpersonales son muy complicadas. y a veces pueden resultar tan fastidiosas que más vale “sola que mal acompañada”. Pero por momentos (breves) suelen ser la cosa más satisfactoria en el mundo.

Me encontraba escribiendo a gran velocidad el último ensayo que tenía que entregar, para dar por concluidas mis materias de este semestre, pero resulta que es un poco complicado concentrarse en escribir algo cuando subes y bajas las escaleras para pasar la ropa de la lavadora a la secadora, o cuando a mitad de una frase bajas corriendo a apagar el guiso que está en la estufa, porque está a punto de quemarse.